El
agua es un bien escaso que no se aprecia
lo suficiente. Gran parte del agua de
nuestro planeta, alrededor de un 98%,
corresponde a agua salada que se encuentra
en mares y océanos. Respecto
al agua dulce, el 69% de la que poseemos
procede de la atrapada en glaciares
y nieves eternas, un 30% está
constituido por aguas subterráneas
y una cantidad no superior al 0,7% se
encuentra en forma de ríos y
lagos. Sólo un 0,01% del agua
que contiene nuestro planeta se encuentra
disponible para la población.
Además, en el mundo se calcula
que mil quinientos millones de habitantes
no tienen acceso a agua potable. Por
otro lado, el proceso de potabilización
del agua es un proceso caro por lo que
no hay que mal gastar este bien escaso.
Donostia-San Sebastián se abastece
del agua procedente del embalse del
Añarbe, y su consumo representa
aproximadamente el 63% del consumo total
de esta reserva. La calidad de las aguas
captadas y almacenadas en este embalse
es alta, a lo que contribuye su situación
natural y la buena gestión, dado
que se encuentra en el parque natural
de Aiako Harria, un territorio poco
humanizado que minimiza cualquier riesgo
de contaminación por residuos
domiciliarios, industriales o ganaderos.
Junto con este enclave,
destaca la preocupación de
los responsables del embalse del Añarbe
por mantener unas infraestructuras
que garanticen la suficiencia y la
calidad del agua, incluso en épocas
de pertinaz sequía. En este
sentido, y entre otras iniciativas,
se ha encargado la redacción
de un estudio hidrogeológico
del pozo de Karabel, en Hernani. Esta
actuación implicaría
la posibilidad de actuación
conjunta de las aguas superficiales
y las subterráneas, lo que
contribuirá a mejorar la garantía
del sistema y alejará en el
tiempo la necesidad de nuevas obras
de regulación superficial.Al
margen de escenarios excepcionales,
Donostia-San Sebastián tiene
asegurado un abastecimiento regular
de agua potable.
Cada donostiarra consume al día
339 litros de agua. Esta cifra, que
incluye tanto agua facturada como
no facturada, se obtiene al dividir
el consumo total de la ciudad entre
número de habitantes, contemplando
los usos domésticos, los comerciales
y de servicios y los industriales.
Además de estos consumos, se
incluye el agua no facturada, que
corresponde a la del riego en parques
y jardines, las fuentes públicas,
los edificios públicos sin
contador, el baldeo de calles, el
goteo de contadores y las pérdidas
en la red.Precisamente la reducción
de los consumos globales tiene su
origen en la evolución a la
baja que se registra en las pérdidas
de agua. Actualmente, las fugas en
la red se sitúan en un 25%,
gracias a las distintas acciones emprendidas
por el Ayuntamiento donostiarra y
por el Añarbe para renovar
el antiguo sistema de abastecimiento.
| La red de saneamiento
de la ciudad quedará completada
con la puesta en marcha de la Estación
Depuradora de Aguas Residuales ubicada
en las canteras de Kapuene de Loiola.
De esta manera, se evitará el
vertido sin depurar de aguas, que
ahora se realiza a través
del emisario submarino situado en
Cala Murguita en Ulía. No
obstante, todavía existen
sectores urbanos necesitados de mejoras
y tan sólo el 37% de los usuarios
de zonas rurales están conectados
al saneamiento municipal. |
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Las regatas de Añorga, Igara,
Tximistarri y Txingurri presentan
peores condiciones. La construcción
de nuevas urbanizaciones y la falta
de condiciones de la red de saneamiento
secundaria son las razones de estos
puntos negros. Existen planes futuros
para subsanar estas deficiencias.
La calidad del agua en el río
Urumea está calificada como
aceptable gracias a la puesta en marcha
del emisario submarino de Mompás
y otros trabajos de saneamiento efectuados,
pero todavía no alcanza una
calificación que permita superar
los requerimientos de la Directiva
Marco del Agua DMA. Por tramos, destaca
la práctica ausencia de vertidos
de su cabecera, situada en el área
de Urdaburu, aunque este buen estado
se encuentra en ocasiones condicionado
por la actuación de las centrales
hidroeléctricas, que alteran
el flujo de su caudal. Respecto al
estuario del Urumea, existen dos puntos
de control que presentan una situación
deficiente a mala.
El agua es un elemento que está
constantemente presente en nuestras
vidas, y no sólo para su consumo.
La calidad del agua de nuestras playas
se examina con minuciosidad, al estar
atentos a cualquier proceso contaminante
y garantizar la adecuada información
sobre la calidad del agua para el
baño en las playas. El mayor
problema de las playas de la bahía
de La Concha puede ser el de los residuos
flotantes que, en determinadas condiciones,
flotan sobre el agua o se acumulan
en las orillas.
Por otro lado, los servicios municipales
se han certificado en las normas de
gestión medioambiental ISO
14001 y EMAS, con el objetivo de mejorar
la gestión que se realiza en
las playas mediante la aplicación
de criterios de carácter medioambiental.
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