Una
ciudad es un espacio público,
abierto y protegido. El municipio en
su conjunto y los diversos barrios han
de crear un tejido complejo que permita
la diversidad de usos y la convivencia
de diferentes tipos de personas. Los
avances que experimenta la sociedad
donostiarra, los nuevos modelos familiares,
la demanda de vivienda asequible, el
desarrollo de actividades económicas
innovadoras o las barreras originadas
por infraestructuras viarias existentes,
requieren un planeamiento urbanístico
acorde con las nuevas necesidades.
El medio urbano debe analizarse como
un sistema complejo y diverso en que
todo se interrelaciona. El reto continuado
es y siempre será el de contar
con una ciudad para la ciudadanía.
Donostia-San
Sebastián cuenta con una superficie total aproximada
de 6.109 hectáreas, de las que unas 2.104 se
destinan a usos urbanos y las restantes 4.005 a usos
rurales o no urbanos.
En
este momento, y desde su aprobación
el año 1995, el Plan General
de Ordenación Urbana define
los criterios de tratamiento y desarrollo
urbanístico de la ciudad para
el horizonte temporal de vigencia
del mismo, y, con ese fin, establece
las pautas de intervención
en materias como la vivienda, las
actividades económicas, la
dotación de servicios a los
diferentes barrios de la ciudad, el
transporte -apostando por el transporte
público y el no motorizado,
además de por la adecuación
y complementación de las infraestructuras
viarias para dar respuesta a las existentes-,
etc.
Tras casi siete años de vigencia
del mismo, en el año 2002 fueron
iniciados los trabajos de revisión
del citado Plan. Estos trabajos están
en este momento en pleno proceso de
elaboración y, tras su finalización,
el nuevo Plan General determinará
el futuro urbanístico de la
ciudad, incluidas las pautas a las
que ha de responder el mismo.
Así, es conveniente trabajar
con la idea de que Donostia-San Sebastián
forma parte de una ciudad que no acaba
allá donde sus límites
administrativos lo determinan, sino
que traspasa los mismos, integrándose
en un ecosistema urbano complejo y
diverso de ámbito supramunicipal.
Con carácter general, se ha de valorar positiva
y activamente la función del
medio natural y rural en la ciudad,
en cuanto que constituye un importante
patrimonio y parámetro de calidad
de Donostia-San Sebastián.
Más en concreto, los ámbitos
y entornos de ese medio con valores
más singulares han de ser objeto
de una protección asimismo
singular.
La
compleja orografía de la ciudad, con sus dificultades,
su diversidad y su riqueza, ha de ser objeto de la debida
atención a los efectos de adoptar la decisión
de intervenir o no en unas y otras partes de la misma,
como, en caso afirmativo, de determinar de qué manera
se ha de proceder a esa intervención teniendo
en cuenta las particularidades de cada caso. Además,
esa misma complejidad nos ha de llevar a priorizar
las actuaciones en la ciudad existente frente a los
nuevos desarrollos, ahorrando un recurso tan escaso
como es el suelo.
El futuro desarrollo urbanístico
no ha de ceder a la tendencia de homogeneizar
las diversas zonas de la ciudad destinando
cada una de ellas a usos exclusivos
y diferenciados bien residenciales
bien de actividades económicas.
Frente a ello debe incentivarse su
convivencia siempre que sean compatibles
entre sí, dando lugar a una
ciudad diversa y compleja tanto funcional
como socialmente, en su globalidad
y en sus diversos barrios. Esa mezcla
de usos requiere una razonable definición
de las condiciones de compatibilización
o incompatibilización de unos
usos y otros, incluida la determinación
en barrios residenciales de usos diversos
de la vivienda, como pueden ser, por
ejemplo, los de hostelería.
Los
desarrollos urbanos han de estar dotados y servidos
mediante transporte público, debiendo optimizarse las condiciones
de implantación y uso del mismo.
Este
ordenamiento favorecerá la
reducción de las necesidades
de movilidad, sobre todo motorizada,
de la ciudadanía, que verán
su situación sensiblemente
mejorada si también se optimiza
la implantación y condiciones
de uso del transporte público.
Se trata, en definitiva, de planificar,
diseñar, construir y organizar
la ciudad de manera que ésta
se adapte a las necesidades de hombres
y mujeres, criaturas y personas mayores.
Así se logrará una ciudad
con barrios de calidad que, además,
incentiven la vida social en su seno.
Asimismo, es conveniente aplicar
criterios reguladores de calidad energética
y medioambiental a las edificaciones,
puesto que son grandes consumidores
de materias primas. Por poner algunos
ejemplos, el 50% de los recursos mundiales
se destinan a la construcción,
mientras que el 40% del agua utilizada
en el mundo se utiliza para abastecer
las instalaciones sanitarias y otros
usos en los edificios. La edificación
también afecta a los usos de
la tierra, puesto que el 60% de los
mejores terrenos cultivables que dejan
de utilizarse para la agricultura
se destinan a la construcción
y a la madera, ya que el 70% de los
productos de este material son empleados
en hacer edificios. Respecto al consumo
energético, el 45% de la energía
generada se utiliza para calentar,
iluminar y ventilar residencias, y
un 5% para construirlas.
En
esa misma línea, es conveniente una adecuada planificación
de las redes de suministro de agua potable y de saneamiento
de aguas pluviales o residuales, de la recogida y gestión
de los residuos, etc
|
 |